Análisis

Qué estadísticas apuntar en un partido de fútbol base (y cuáles no)

Apuntarlo todo es imposible desde la banda y, además, no sirve. Las estadísticas que de verdad ayudan a un entrenador de base son pocas, de equipo y con su zona del campo. Cuáles son, cómo se definen, cómo se apuntan y qué hacer con ellas.

Redacción TOKKA · 7 min de lectura
Qué estadísticas apuntar en un partido de fútbol base (y cuáles no)

En un partido de fútbol base basta con apuntar seis estadísticas de equipo, siempre con la zona del campo en la que ocurren: pérdidas, recuperaciones, remates (separando las ocasiones claras), llegadas al área, ocasiones del rival, y goles y tarjetas con su autor. Con eso se puede responder a casi cualquier pregunta útil sobre el partido. Lo que no merece la pena son las estadísticas que no se pueden apuntar bien desde la banda, como la posesión a ojo o los pases de cada jugador, ni las clasificaciones individuales de niños.

La tentación, cuando se empieza a apuntar datos, es querer apuntarlo todo. Pases, regates, faltas, saques de banda, quién hizo cada cosa. A los diez minutos de partido la libreta es un caos y el entrenador se ha perdido la mitad del juego. El problema no es la falta de método: es que se están apuntando cosas que no responden a ninguna pregunta.

¿Para qué sirven las estadísticas en fútbol base?

Una estadística es útil si ayuda a tomar una decisión: qué entrenar, qué cambiar en el descanso o qué mantener. Si un dato no cambia ninguna decisión, apuntarlo es trabajo perdido.

En fútbol base, las estadísticas sirven sobre todo para tres cosas:

  • Comprobar impresiones. "Nos llegan siempre por la derecha" puede ser cierto o puede ser el recuerdo de dos jugadas. El dato lo confirma o lo desmiente.
  • Ver la evolución. Comparar los mismos datos partido a partido muestra si lo entrenado está apareciendo en el campo.
  • Preparar el entrenamiento. Saber dónde se pierde el balón dice qué hay que trabajar el martes.

No sirven, en cambio, para poner notas a los jugadores ni para compararlos entre sí. Un equipo de base no es un juego de clasificar jugadores.

¿Qué estadísticas hay que apuntar en un partido de fútbol base?

Estas son las seis que recomendamos. Para que sirvan, cada una necesita una definición clara que todo el que apunte entienda igual.

  1. Pérdida. El equipo deja de tener el balón por una acción propia: un pase que intercepta el rival, un control que se escapa o un regate que no sale. No se cuenta como pérdida un remate que se va fuera ni un despeje en defensa.
  2. Recuperación. El equipo gana el balón que tenía el rival: un robo, una interceptación o un duelo ganado que deja el balón para el propio equipo.
  3. Remate. Cualquier intento de marcar, entre a puerta o no. Al lado se marca si era una ocasión clara: un mano a mano o un remate solo, o casi solo, dentro del área.
  4. Llegada al área. Cada vez que el equipo consigue tener el balón controlado dentro del área rival, termine o no en remate.
  5. Ocasión del rival. Cada remate del rival, con la misma marca de ocasión clara.
  6. Goles y tarjetas, en este caso sí con el jugador que marcó o vio la tarjeta, y si se quiere, con quién dio la asistencia.

Con estas seis ya se pueden contestar preguntas como dónde se pierde el balón, en qué zona se recupera, si el equipo llega al área pero no remata o si el rival llega poco pero con mucho peligro. Es el mismo enfoque que está detrás del método de cómo analizar un partido de fútbol: primero la pregunta y después el dato.

La distinción entre remate y ocasión clara es una versión casera de la idea del xG: no todas las ocasiones valen lo mismo, y diez disparos lejanos no son lo mismo que dos mano a mano.

¿Por qué hay que apuntar la zona del campo?

Porque un dato sin zona dice muy poco. Veinte pérdidas pueden ser un problema o no serlo: si son en campo rival, el equipo está arriesgando donde toca; si son delante del propio portero, son goles en contra en potencia.

La forma más sencilla de apuntar la zona es dividir el campo en nueve zonas: tres franjas a lo largo (el tercio defensivo, el medio y el ofensivo) y tres carriles a lo ancho (izquierda, centro y derecha). Es suficientemente preciso para encontrar patrones y suficientemente sencillo para apuntarlo mientras se mira el partido.

Tres tercios y tres carriles: nueve zonas bastan para saber dónde pasan las cosas. Gráfico: TOKKA.
Tres tercios y tres carriles: nueve zonas bastan para saber dónde pasan las cosas. Gráfico: TOKKA.

Con las zonas aparecen las preguntas buenas:

  • ¿Perdemos más balones en nuestro tercio o en el del rival?
  • ¿Por qué carril nos llegan las ocasiones?
  • ¿Recuperamos el balón arriba, en el medio o cerca de nuestra área?

Esas tres respuestas, juntas, ya describen bastante bien cómo juega un equipo. Encajan además con las fases del juego: las pérdidas hablan de la organización ofensiva y las recuperaciones, de la defensiva.

¿Qué estadísticas no merecen la pena en fútbol base?

Algunas estadísticas son muy populares en la televisión y poco útiles en la banda de un campo de base:

  • La posesión a ojo. Calcular el porcentaje de posesión exige cronometrar cada posesión de los dos equipos. A ojo, el dato es una impresión con decimales.
  • Los pases completados de cada jugador. Apuntarlos exige mirar al jugador y no al juego, y en categorías pequeñas dicen más del rival que del pase.
  • Las distancias recorridas. Sin aparatos de medición, cualquier cifra es inventada.
  • Las clasificaciones individuales. El "máximo recuperador" o el "que más pierde" convierten un dato de equipo en una etiqueta para un niño.

La regla para decidir si una estadística merece la pena es doble: ¿se puede apuntar bien desde la banda? y ¿cambia alguna decisión? Si falla cualquiera de las dos, se deja.

¿Y las estadísticas individuales?

Hay datos individuales que sí tienen sentido en fútbol base, siempre que se usen para cuidar al jugador y no para clasificarlo:

  • Los minutos jugados, para comprobar que el reparto es justo a lo largo de la temporada.
  • La asistencia a los entrenamientos, para saber quién está viniendo y quién no.
  • Los goles, las asistencias y las tarjetas, que además son los que preguntan las familias.
  • Un objetivo concreto por jugador, con una observación de cómo va, sin número.

Lo que no conviene es publicar ni comentar en el vestuario comparaciones entre jugadores. Un dato individual se habla con el jugador, en privado y en términos de su propia mejora.

¿Cómo se apuntan las estadísticas: papel, hoja de cálculo o móvil?

Las tres opciones funcionan si se apunta siempre lo mismo. La diferencia está en cuánto trabajo hay después.

  • Papel. Lo más sencillo para empezar. Una hoja con el campo dibujado en nueve zonas y una marca distinta para cada tipo de acción. El inconveniente es que hay que contar a mano y pasarlo a limpio para comparar partidos.
  • Hoja de cálculo. Ideal para comparar partidos y ver tendencias, pero casi imposible de rellenar durante el juego. Se usa después, pasando lo apuntado en papel.
  • Móvil. Permite apuntar durante el partido y tener los números contados al momento. Es lo que hace TOKKA Base: cada jugada se apunta con dos toques (dónde y qué), solo los goles y las tarjetas preguntan quién, y al terminar sale el informe del partido con sus estadísticas. Los partidos se van sumando a las tendencias de la temporada.

Sea cual sea el método, lo importante es que lo apunte siempre la misma persona o personas con las mismas definiciones. Si un día "pérdida" incluye los remates fuera y otro día no, la comparación no vale.

¿Qué se hace con las estadísticas después del partido?

Tres cosas, en este orden:

  1. Buscar lo que se repite. No la jugada suelta, sino la zona donde se concentran las pérdidas o el carril por el que llega el rival.
  2. Elegir una sola cosa para la semana. La que más se repite y más daño hace, y convertirla en una tarea de entrenamiento, como se explica en cómo entrenar un equipo de fútbol base.
  3. Compararlas con los partidos anteriores. Un dato aislado dice poco; cinco partidos seguidos con las mismas estadísticas cuentan una historia.

También ayudan durante el propio partido: con las estadísticas de la primera parte delante, la charla del descanso deja de basarse en impresiones, como contamos en cómo dirigir un partido de fútbol base.

Preguntas frecuentes

¿Qué estadísticas se apuntan en un partido de fútbol base?

Seis de equipo, cada una con su zona del campo: pérdidas, recuperaciones, remates (marcando las ocasiones claras), llegadas al área, ocasiones del rival, y goles y tarjetas con el jugador. Con ellas se puede responder a casi cualquier pregunta útil sobre el partido.

¿Qué se considera una pérdida de balón?

Cuando el equipo deja de tener el balón por una acción propia: un pase interceptado, un control que se escapa o un regate que no sale. Un remate que se va fuera o un despeje en defensa no cuentan como pérdida. Lo importante es que todos los que apuntan usen la misma definición y la mantengan siempre.

¿Cómo se divide el campo para apuntar estadísticas?

En nueve zonas: tres franjas a lo largo (tercio defensivo, medio y ofensivo) y tres carriles a lo ancho (izquierda, centro y derecha). Es lo bastante preciso para encontrar patrones y lo bastante sencillo para apuntarlo durante el partido.

¿Hay que llevar estadísticas individuales en fútbol base?

Algunas sí: minutos jugados, asistencia a entrenamientos, goles, asistencias y tarjetas. Sirven para cuidar el reparto de minutos y seguir a cada jugador. Lo que no conviene son las clasificaciones entre jugadores ni comentarlas en público.

¿Cómo se pueden apuntar las estadísticas durante el partido?

En papel, con el campo dibujado en zonas y una marca para cada acción, o con una aplicación en el móvil que cuente los datos al momento. La hoja de cálculo es mejor para comparar partidos después que para apuntar en directo. Lo importante es apuntar siempre lo mismo y con las mismas definiciones.

¿Sirve la posesión de balón como estadística en fútbol base?

Poco, si se calcula a ojo. Para medir la posesión hay que cronometrar las posesiones de los dos equipos, y desde la banda eso no es realista. Las pérdidas y recuperaciones con su zona dicen más sobre cómo juega el equipo con y sin balón.

¿Te ha servido? Pásaselo a tu cuerpo técnico.

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